VIAJE EN VELEROS POR LAS ISLAS DEL SARÓNICO EN 2012 (GRECIA)
DÍA 1:
En Junio del 2012 volamos a Grecia para iniciar un viaje de una semana con 20 personas (la mayoría del grupo ya había viajado con nosotros el año pasado por Croacia) y 3 veleros a través de las Islas Griegas. Algunos volaron algún día antes para visitar Atenas.
El parte meteorológico para el día siguiente pintaba realmente complicado; con viento y rachas muy fuertes de componente Norte. La opción de quedarse el primer día en tierra no apetecía mucho y más viendo que el viento en esa zona no parecía que iba a aminorar demasiado en los siguientes días.
Después de hablar con los marineros locales de la zona decidimos modificar la ruta pensada inicialmente (las Cíclades del Norte) y dirigirnos hacia las Islas cercanas a la península del Peloponeso. La primera isla donde pensábamos recalar era la de Poros.
Otra decisión fue salir bastante temprano (a las 07:00h) ya que el viento "sobre el papel" no soplaba tan fuerte todavía. Fuimos a cenar en una terraza de la zona del mercado y a dormir que mañana el día se presentaba complicado.
Después de dormir pocas horas (la música a tope del bar de en frente no ayudó mucho) lo preparamos todo para zarpar, el viento soplaba fuerte y tuvimos que esperar a que parara la racha para salir, la maniobra fue todo bien y solamente salir de puerto nos encontramos con unas rachas muy fuertes (algunas más de 45 nudos).
Por suerte, no había mucho oleaje y el viento era portante, así que con una pizca de vela el velero en el cual iba a bordo (un Bavaria 38) alcanzó puntas de más de 10 nudos. A unas pocas millas ya cruzamos la punta donde asoma el majestuoso templo de Sounion, a partir de aquí todo fue un poco más tranquilo, aunque se había de ir con cuidado con las fuertes rachas cerca de la costa así que poco a poco nos fuimos alejando de la costa.
Luego nos enteramos que uno de los veleros (el Bavaria 44 capitaneado por el veterano Chano) había roto la mayor al salir de puerto y tuvieron que volver. Suerte del buen servicio que hizo que en unas horas (y siendo domingo) ya tuvieran una mayor lista para navegar.
La travesía fue directa sin tener que hacer bordos para llegar a la Isla de Poros, navegamos juntos con el otro Bavaria capitaneado por Lucas, que navego siempre prudente y con los rizos adecuados para la situación.
3º DÍA:
Nos levantamos y fuimos a comprar algo de pescado en el mercado.
Nos levantamos y fuimos a comprar algo de pescado en el mercado.
Dejamos la Isla de Poros travesando un estrecho canal y nos fuimos hacia el Sur hacia la Isla de Idra.
Fue un día bonito de navegación con vientos oscilando entre fuerza 2 y 5. Nos dirigimos a una protegida cala de la Isla de Idra (una encantadora isla donde no circulan coches) y allí nos reencontramos con el velero del capitán Chano. Pasamos una tarde de relax con baño, cervezas,... Por la tarde preguntamos a unos pescadores que estaban allí con la barca para comprar más pescado. No nos ofrecía muy buen precio, así que cuando le regateamos, él pescador nos decía que estos precios no los ponía él, que los ponía la Merkel!
Antes de la noche recogimos leña para preparar la barbacoa (bueno, yo creo que con la leña que recolectamos podríamos haber hecho barbacoas todo el año). Luego en la cala solitaria el maestro Cirilo dirigió todo el tinglado y pasamos una noche muy agradable.
4º DÍA:
Nos levantamos con un día tranquilo, nos lo tomamos con calma y desayunamos, nos bañamos y luego zarpamos. La idea era hacer pocas millas y navegar hasta la Isla de Spetses.
No había mucho viento pero al haber pocas millas nos tomamos el lujo de ir a vela casi todo el tiempo. El recorrido es muy bonito ya que vas pasando cerca de pequeños islotes y para navegar es muy interesante ya que los vientos son rolantes y poco constantes, así que se ha de estar siempre atento. Nos desviamos un poco de la ruta para fondear juntos en un pequeño islote a pasar el día. Allí comimos, nos bañamos, siestecita,... un día de relax total.
Por la tarda pusimos rumbo directo al puerto de Spetses y disfrutamos con un rumbo directo de través y fuerza 2-3.
Llegamos antes de la puesta de sol y nos encontramos con un puerto con mucho encanto pero muy caótico. Al principio dimos algunas vueltas y no encontramos ni amarre ni ningún marinero o alguien que nos dijera donde podíamos amarrar. Al final decidimos abarloar los 3 veleros al lado de otro barco. Obviamente con el ancla por proa. Realmente atracar en estos puertos se convierte en todo un arte.
Una vez amarrados fuimos al pueblo, que se encontraba a lo largo del puerto y era un lugar muy agradable y tranquilo. Allí compramos más comida y reservamos el restaurante donde luego fuimos a cenar.
Para el día siguiente preparamos una ruta hasta Idra, pero por una ruta distinta que por donde vinimos.
Nos levantamos con un día tranquilo, nos lo tomamos con calma y desayunamos, nos bañamos y luego zarpamos. La idea era hacer pocas millas y navegar hasta la Isla de Spetses.
No había mucho viento pero al haber pocas millas nos tomamos el lujo de ir a vela casi todo el tiempo. El recorrido es muy bonito ya que vas pasando cerca de pequeños islotes y para navegar es muy interesante ya que los vientos son rolantes y poco constantes, así que se ha de estar siempre atento. Nos desviamos un poco de la ruta para fondear juntos en un pequeño islote a pasar el día. Allí comimos, nos bañamos, siestecita,... un día de relax total.
Por la tarda pusimos rumbo directo al puerto de Spetses y disfrutamos con un rumbo directo de través y fuerza 2-3.
Llegamos antes de la puesta de sol y nos encontramos con un puerto con mucho encanto pero muy caótico. Al principio dimos algunas vueltas y no encontramos ni amarre ni ningún marinero o alguien que nos dijera donde podíamos amarrar. Al final decidimos abarloar los 3 veleros al lado de otro barco. Obviamente con el ancla por proa. Realmente atracar en estos puertos se convierte en todo un arte.
Para el día siguiente preparamos una ruta hasta Idra, pero por una ruta distinta que por donde vinimos.
5º DÍA
Por la madrugada empezaron a moverse mucho los barcos y a golpear entre ellos, el ruido que se oía desde dentro iba a más, así que nos levantamos bastante pronto. Zarpamos por la mañana y nos encontramos con un viento muy irregular.

A medida que salíamos a navegar a una zona más abierta el viento se volvió cada más más estable pero también más fuerte. Nos dirigíamos a la pequeña y solitaria Isla de Ayios y la idea era cruzar el estrecho canal que hay entre esta isla y el Peleponeso, así que con el viento de cara estuvimos navegando de ceñida con fuerza 4 durante bastante rato, luego empezamos a tener vientos de fuerza 6 lo que nos obligó a rizar velas ya que los barcos se iban de orzada.
Llevábamos la embarcación auxiliar arrastrando con los remos a dentro y con el fuerte viento y el golpe de una ola salieron volando... por suerte a bordo estaba Albert (nuestro héroe del día) que rápidamente se prestó voluntario para tirarse a recogerlos pese al fuerte viento. Entonces se puso el chaleco y se tiró al agua, pero la fuerte corriente y el color negro del remo que casi no se veía, solamente nos permitió recuperar uno. Eso sí, Albert nos dejó a todos asombrados y se ganó el respeto y la admiración de todos. (Albert, no te quejarás de lo bien que te estoy dejando).
La llegada fue realmente bonita, es un lugar que tiene un encanto especial, quizás por eso el cantante y poeta Leonard Cohen eligió este remoto lugar para refugiarse en su tiempo libre. Cuando entramos en el puerto, sobre el papel ya no quedaban más amarres, la única opción era tirar el ancla por proa y amarrar con el barco de 2ª fila de popa a la vez que abarloábamos entre nosotros. La operación no era complicada en exceso, el problema era que la probabilidad de tirar un ancla encima de otra era realmente alta pero eso lo veríamos al día siguiente...
Después de toda la parafernalia de la maniobra y de conseguir desembarcar con la auxiliar, conseguimos pisar tierra y fuimos a cenar a un restaurante con una fantástica terraza a las afueras del pueblo y con unas vistas frente al mar.
Fue un día largo y se notaba el cansancio en la mayoría de nosotros. Aún así todavía tuvimos fuerzas para ir a tomar algo por el pueblo y disfrutar de la buena compañía en un lugar tan especial.
Por la madrugada empezaron a moverse mucho los barcos y a golpear entre ellos, el ruido que se oía desde dentro iba a más, así que nos levantamos bastante pronto. Zarpamos por la mañana y nos encontramos con un viento muy irregular.
A medida que salíamos a navegar a una zona más abierta el viento se volvió cada más más estable pero también más fuerte. Nos dirigíamos a la pequeña y solitaria Isla de Ayios y la idea era cruzar el estrecho canal que hay entre esta isla y el Peleponeso, así que con el viento de cara estuvimos navegando de ceñida con fuerza 4 durante bastante rato, luego empezamos a tener vientos de fuerza 6 lo que nos obligó a rizar velas ya que los barcos se iban de orzada.
Llevábamos la embarcación auxiliar arrastrando con los remos a dentro y con el fuerte viento y el golpe de una ola salieron volando... por suerte a bordo estaba Albert (nuestro héroe del día) que rápidamente se prestó voluntario para tirarse a recogerlos pese al fuerte viento. Entonces se puso el chaleco y se tiró al agua, pero la fuerte corriente y el color negro del remo que casi no se veía, solamente nos permitió recuperar uno. Eso sí, Albert nos dejó a todos asombrados y se ganó el respeto y la admiración de todos. (Albert, no te quejarás de lo bien que te estoy dejando).
Finalmente pasamos el estrecho y en pocas millas nos refugiamos en una escondida cala. Fue una navegada bonita, para recordar. La cala resultó un lugar idóneo para pasar el día y pudimos fondear un barco al lado de otro. El problema de fondear en esta cala fue que se estaba tan bien que al final salimos bastante tarde para ir rumbo a la Isla de Idra, donde ya estuvimos un par de días antes, aunque esta vez íbamos a su único pueblo y puerto de la isla.
Cuando dejamos la cala seguía soplando bastante viento y había mucho oleaje. El viento no venía completamente de cara pero tampoco nos daba para ir directos así que tuvimos que hacer algún que otro bordo. Llegamos al puerto cuando ya se estaba poniendo el Sol.
Después de toda la parafernalia de la maniobra y de conseguir desembarcar con la auxiliar, conseguimos pisar tierra y fuimos a cenar a un restaurante con una fantástica terraza a las afueras del pueblo y con unas vistas frente al mar.
Fue un día largo y se notaba el cansancio en la mayoría de nosotros. Aún así todavía tuvimos fuerzas para ir a tomar algo por el pueblo y disfrutar de la buena compañía en un lugar tan especial.
6º DÍA
Hacia las 7 de la mañana ya nos despertó el patrón de un velero francés diciéndonos que habíamos anclado encima de su cadena y esta se había enganchado. Medio dormidos fuimos a ver que pasaba y no éramos nosotros los que teníamos el ancla encima sino otro barco, aún así los estuvimos ayudando y después de todo ni se disculparon ni nos dieron las gracias...
El plan para hoy era regresar a la Isla de Poros donde ya estuvimos el primer día (excepto el barco capitaneado por Chano) y de esta manera el Bavaria 44 podría reparar un problema con el enrollador que tuvieron. Fuimos navegando hasta allí con un viento portante de fuerza 4 y 5 acompañado de fuertes rachas al principio.
Hacia las 7 de la mañana ya nos despertó el patrón de un velero francés diciéndonos que habíamos anclado encima de su cadena y esta se había enganchado. Medio dormidos fuimos a ver que pasaba y no éramos nosotros los que teníamos el ancla encima sino otro barco, aún así los estuvimos ayudando y después de todo ni se disculparon ni nos dieron las gracias...
El plan para hoy era regresar a la Isla de Poros donde ya estuvimos el primer día (excepto el barco capitaneado por Chano) y de esta manera el Bavaria 44 podría reparar un problema con el enrollador que tuvieron. Fuimos navegando hasta allí con un viento portante de fuerza 4 y 5 acompañado de fuertes rachas al principio.
Cuando ya estábamos llegando a Poros todavía soplaba bastante viento y al enrollar el génova rompimos una pieza del enrollador, así que amarramos en Poros y el servicio técnico nos lo pudo arreglar durante el día. Mientras, aprovechamos para pasear y bañarnos dentro del puerto (son puertos naturales y con el agua muy limpia) Por la tarde fuimos a la cala de al lado para fondear y pasar la noche allí.
Ya de noche cenamos y nos reunimos luego en uno de los barcos. Era la última noche antes de volver al puerto de partida y el mar estaba como un plato.
7º DÍA
Nos levantamos y el mar seguía como un plato. Esta mañana habíamos preparado la regata de "dinguis"; todo empezó en Croacia el año pasado cuando se nos ocurrió hacer una regata con la única regla de un mínimo de 5 personas por "dingui". Cada embarcación tenía sus armas: cubos de agua, pies de pato y otros secretos que no se pueden confesar.
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Nos levantamos y el mar seguía como un plato. Esta mañana habíamos preparado la regata de "dinguis"; todo empezó en Croacia el año pasado cuando se nos ocurrió hacer una regata con la única regla de un mínimo de 5 personas por "dingui". Cada embarcación tenía sus armas: cubos de agua, pies de pato y otros secretos que no se pueden confesar.
Después de la dura regata o más bien batalla naval nos reunimos todos para celebrarlo en uno de los barcos antes de emprender la vuelta hacia Lavrion.
La vuelta empezó con vientos muy suaves y tuvimos que ir ratos a motor pero ya hacia el mediodía empezó a subir cada vez más el viento.
Llegando a tierra fondeamos para tomarnos un baño junto al templo de Sounion. En ese momento hacía muchísimo viento pero venía de tierra y fue posible parar un rato y tomar el último baño del viaje.
Ya de vuelta quedaban solamente unas 6 millas con muchísimo viento y oleaje de cara. Finalmente llegamos con la puesta de Sol e hicimos la foto de grupo y la cena de despedida.
Esa noche dormimos en el barco y al día siguiente algunos aprovecharon para visitar Atenas y el resto ya nos volvimos a casa en avión vía Suiza.
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