lunes, 14 de enero de 2013

Marruecos en moto 2013: 8º día

8º DÍA:


Hoy teníamos pensado pasar la noche bastante más al Norte, en Essaouira. Por la mañana fuimos a desayunar tranquilamente y aprovechamos para reparar la cámara que pinchamos en el taller frente al bar y así volver a tener una de recambio (si en algo son especialistas en Marruecos es en esto de reparar pinchazos). 


Luego nos fuimos por una revirada y larga carretera entre montañas dirección a Agadir. La carretera era ideal para rodar en moto, repleta de curvas, sin apenas tráfico y con unas vistas fantásticas. 





A medida que nos íbamos acercando a la turística ciudad de Agadir el tráfico iba en aumento. Yo ya conocí esta ciudad años atrás y la verdad que no me dejó muy buen recuerdo. Tiene playas largas pero con grandes bloques de Hoteles detrás sin personalidad alguna, en mi opinión, de lo peorcito de Marruecos. Así que pasamos de largo esta ciudad y nos adentramos por una carretera solitaria entre montañas para dirigirnos a unas cascadas que hay por esa zona. Estaban un poco secas pero igualmente valió la pena llegar aquí. Hicimos un picnic allí mismo y continuamos la ruta dirección Essaouira.




Nos dirigíamos hacia la costa por una carretera en muy mal estado, durante algunos kilómetros estaba tan mal que ya no quedaba asfalto y era todo tierra.


Nos encontramos con estos agujeros en medio del precipicio y nos quedó la duda de si eran cuevas donde había vivido la gente o no, ya que en Marruecos hay algún otro sitio muy similar a este donde antiguamente se vivía.



Antes de que cayera el Sol llegamos a la pequeña ciudad de Essaouira, un sitio donde si que vale la pena pasar como mínimo una noche y disfrutar de la vida que tiene su ciudad amurallada y del ajetreo en su puerto pesquero. Es un lugar que en temporada turística tiene un ambiente muy surfero y se llena de turistas. Por suerte, nosotros viajábamos fuera de temporada y estuvimos bien tranquilos.






Por la zona amurallada no se puede circular pero un guía local que nos condujo hacia el Hotel nos dijo que pasáramos para descargar el equipaje.



Esa noche pensábamos acampar pero es que por muy poco dinero nos ofrecieron esta "Suite" bien céntrica y decidimos pegarnos un buen homenaje ya que ya habíamos superado el desierto y llegamos por fin al Atlántico, uno de nuestros objetivos de este viaje.


Después fuimos a pasear un rato por el puerto y a comer una mariscada en uno de los chiringuitos que hay en el puerto. El precio también de escándolo, no recuerdo bien pero rondaría los 12 o 15 €. 

Particularmente me encanta perderme por las calles de los pueblos y ciudades de Marruecos de noche, hay un ambiente increíble, todos salen a la calle, los niños jugando entre las callejuelas, los amigos charlando en la calle, los "buscaturistas" intentando venderte lo que sea,... Habrá gente que no le pueda gustar pero yo lo encuentro todo muy curioso y si te dejas llevar suelen pasarte cosas divertidas.

Volviendo a lo de la noche, me atrevo a afirmar que para conocer bien Marruecos no basta con visitar un lugar de día sino que se ha de visitar también de noche y es entonces cuando puedes percibir la esencia de Marruecos y las medinas toman un aire casi místico. Además, si te dejas llevar por la imaginación parece que hagas un viaje atrás en el tiempo, con esas callejuelas donde para ellas parece que no corra el reloj y con la gente local con sus vestimentas y costumbres tradicionales.




Después de abandonar la dureza del desierto, se puede decir que llegar a Essaouira, comer de escándalo y una buena cama nos cargó de energía para las siguientes etapas en las majestuosas montañas del Atlas. 

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